domingo, 19 de enero de 2014

ESPAÑA VERSUS NACIONALISMOS


INTERESANTE ARTÍCULO A MODO DE ENTREVISTA DE FERNANDO GARCÍA CORTAZAR
 
Fernando García Cortazar, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto, expone :

¿Cuál es el origen del pueblo vasco?

No lo sé, ni tengo especial interés en investigarlo. Más que el origen, me preocupa el presente y el futuro no del pueblo vasco, que no existe, sino de la sociedad o los ciudadanos vascos.

El concepto de pueblo tiene connotaciones raciales o tribales que encajan mal con una sociedad mestiza, muy mezclada y plural, fruto de la modernización industrial y de distintas corrientes migratorias de los siglos XIX, XX Y XXI.

La pretendida existencia del "pueblo vasco" y su singularidad es la base del discurso nacionalista. A lo largo de nuestra Historia, ¿de qué modo contribuyeron los vascos a la configuración de España?

Nada hay en la historia del País Vasco que permita pensar en una entidad independiente de la España que desde los años de dominación romana empezaba a gestarse. Por otro lado hasta la aprobación del Estatuto de Guernica en 1979 no se podría hablar con rigor del País Vasco, entendiendo éste como organización político-administrativa unitaria correspondiente a Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, territorios bien distintos entre sí con sus peculiaridades jurídicas bien diferenciadas. Los vascos, llamados así a partir del siglo XIX, participaron con los demás peninsulares en la formación de España.  Colaboraron decididamente en la Reconquista y, en la hora histórica de las Navas de Tolosa, la vanguardia de las tropas del Reino de Castilla estuvo mandada por Diego López de Haro, señor de Vizcaya. Vizcaínos y guipuzcoanos fueron los mejores soldados y marinos de los reyes castellanos.  Gracias a ellos, el rey Fernando III pudo conquistar Sevilla. Alféreces vascos dirigen la conquista de Baeza, Úbeda, y Córdoba y ayudan eficazmente a Alfonso XI en la batalla del Salado. La conquista de Algeciras y Gibraltar también contó con protagonismo vizcaíno y guipuzcoano, redoblado en las guerras civiles de la casa de Trastámara y en las actividades comerciales con las que Castilla se proyecta en Europa.

San Sebastián, Guetaria, Fuenterrabía, Zarauz, Bermeo y, desde 1300, Bilbao vieron salir la lana de la Meseta y el hierro vizcaíno camino de Flandes e Inglaterra.  Cuando en 1390, cinco años después de la batalla de Aljubarrota, el rey de Castilla, Juan I vuelve a manifestar su deseo de reinar en Portugal , aunque fuera a costa de renunciar a parte de Castilla pero no al Señorío de Vizcaya, los vizcaínos le manifestaron su rechazo a ser desgajados de la corona castellana.

Lo sabemos por el alavés Canciller Lope de Ayala que también alabó la fidelidad y pericia de los marineros vizcaínos y guipuzcoanos que en 1393 le informaban a su rey Juan I del descubrimiento de las Islas Canarias y le animaban a conquistarlas.

La participación vasca en la España moderna fue colosal. El reconocimiento oficial de su condición de hidalgos permitió a guipuzcoanos y vizcaínos copar los puestos de la administración de la monarquía, disputándoselos a los judeoconversos, buenos burócratas como ellos, de los que se libraron mediante la aplicación de los españolísimos estatutos de limpieza de sangre.

 

Sin exageración se ha podido afirmar que durante los siglos XVI, XVII y XVIII, España y el Imperio estuvieron gobernados por vascos. Y en efecto, el número de vascongados encaramados en la administración estatal es apabullante, copando en algunas épocas la mayor parte de los altos cargos.  Ya en 1525, de doce secretarios del Consejo de Estado cinco eran guipuzcoanos. Los apellidos Idiáquez, Zuazola, Galarza, Ibarra, Amezqueta, Mancisidor, Ipiñarrieta, Gastelu, entre otros, salpican la nómina de quienes fueron secretarios de los diversos reyes.

Si fuese cierto, como alguna vez se ha afirmado, que la monarquía española oprimió de alguna forma a las provincias vascongadas, cabría pensar que buena parte de tal "opresión" correspondió a quienes salidos de aquellas tierras representaban lo más granado del poder.

No faltaron tampoco vascos en las principales empresas españolas de la época. Bien conocida es su decidida participación en la conquista y colonización de América y Filipinas y su protagonismo en las aventuras descubridoras. Juan Sebastián Elcano, Pedro Ursáa, Lope de Aguirre, Francisco Argarañaz Murguía, Miguel de Legazpi, Urdaneta… son sólo algunos de los vascos que participaron en lo más característico de la política imperial de la Monarquía española.

La proyección espiritual de España en el mundo lleva el nombre de un guipuzcoano, Ignacio de Loyola, que había guerreado al servicio de la Corona de Castilla mientras que la Ilustración aportó muchos nombres ilustres- Samaniego, Peñaflorida, Cadalso- de vascongados a la cultura del XVIII español.

 

Hasta hace poco más de cien años no se produjo la escisión conceptual entre lo vasco y lo español. No aparece en la mayor parte del siglo XIX, pese a la especial virulencia que en el territorio vasco tuvieron las guerras civiles desatadas por los carlistas, que nunca cuestionaron la españolidad de la causa que defendían.

Habría de ser la acción política del inventor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, la que provocaría con el tiempo, la ruptura en la concepción de un País Vasco armónicamente integrado en España. Nadie antes de él había formulado la idea de la independencia política del País Vasco.  A pesar de su reivindicación independentista, Arana tendría que reconocer que la historia no ayudaba en nada a su proyecto de secesión, como tampoco lo ayudaban sus coetáneos miembros de la gran burguesía vizcaína, empeñados en reforzar la idea unitaria y el sentimiento de España, manifestado en carne viva en el latido de los vascos de la generación del 98.

¿En qué momento podemos hablar de España como Nación?

La formación de España como Nación está ligada a la primera experiencia liberal, la de las Cortes de Cádiz que intenta liquidar el pasado feudal.

El moderno concepto de nación es el que desarrollan los hombres del XIX para reivindicar sus derechos y libertades individuales frente al absolutismo y las desigualdades de la sociedad anterior.

La palabra España tiene pues esas connotaciones de modernidad y progreso que la Iglesia y la nobleza, en un comienzo, combatieron. ¡Abajo la nación, viva la religión! Fue su grito inicial.

La gran perdedora de la transición fue la memoria: la senda hacia la democracia se pavimentó con el olvido del pasado. En aquellos años se rechazó el nombre de España, entendido como símbolo de la reacción y se insufló energía a unos nacionalismos excluyentes que repetían la misma teología de Franco.

Paradójicamente se dio crédito a la versión franquista de la historia, negando o enterrando la España liberal.

¿Por qué se identifica España más con Franco que con la II República?

¿Por qué se identifica España con la leyenda negra y no con su tradición erasmista, ilustrada o liberal?

El problema, en el fondo, es cultural. De no haber navegado por la historia ni haber leído suficiente. Tal vez si las generaciones de la democracia hubieran aprendido a leer la palabra España en el pesimismo de la generación del 98, el horizonte europeísta de los intelectuales del 14 o el verso desgarrado de los poetas del 27, y la hubieran visto escrita con naturalidad, el dolor, la tristeza o el compromiso político con que la escribieron entonces, hoy estarían vacunados contra ese prejuicio de obviarla en las conversaciones.

Porque la España real ya no sería para ellos esa España siniestra y canalla que hoy se inventan los nacionalistas sino la honda y viva de la gran literatura.

El nacionalismo catalán está ganando la batalla mediante una descomunal manipulación. Cataluña es la tierra de la modernidad, de la libertad, de la apertura a Europa, del diálogo. España –que es otra cosa- es la Castilla harapienta y antigua, cejijunta y clerical, reaccionaria y fascista, abusona de los territorios con verdadera identidad.

¿Cómo valoraría la figura de los Reyes Católicos?

Sin duda alguna son los personajes más importantes de la Historia de España. Con su sentido político, superador de intereses puramente dinásticos pusieron en marcha el largo proceso de integración "nacional", al unir en su matrimonio las dos coronas más poderosas de la Península.

La España nacida en 1469 es todavía un simple bosquejo pero la unión permite estrechar lazos, conforme se alcanzan las metas trazadas siglos antes por cada uno de los reinos: Granada, Nápoles, Navarra.

 

 

¿Qué opina de la reciente polémica suscitada en relación a los símbolos franquistas que el Gobierno pretende eliminar o al menos sustituir? ¿No le parece un debate innecesario treinta años después de la muerte de Franco?

Objetivo central de la política franquista fue mantener la división de España en dos Españas: la España de los vencedores y la España de los vencidos, la España auténtica, nacida de las cenizas del 39, y la anti España de la República, "poblada por los verdaderos criminales comunes de nuestra guerra".

 

Efectivamente, políticos de izquierda y periferia, ensalzando la actitud de los vencidos de ayer para hacerse mejores que los demás han convertido la guerra civil en una absurda ceremonia de canonización, en una película de malos –simpatizantes de la derecha, centralistas y terratenientes sin escrúpulos, es decir fascistas- y buenos –partidarios de la izquierda, separatistas y campesinos hambrientos, es decir, demócratas-.

Se quiera reconocer o no, la óptica es la misma que la empleada por los propagandistas de la dictadura, pero al revés, como si estuviéramos dentro del espejo que Lewis Carroll inventó para Alicia.

La manipulación se repite y, bajo la luz fotográfica de los nuevos tiempos, se olvida interesadamente que a la ruina de la República contribuyeron también la ceguera sectaria de la izquierda y la incompetencia de una gran parte de sus líderes; que en el bando republicano no todos eran, ni mucho menos, demócratas o defensores de la libertad; que el odio reventó tanto en el Badajoz de los militares rebeldes como en la Barcelona de Companys, esa Barcelona de las patrullas armadas de la que tuvo que huir Orwell para salir de España con vida y de la que años más tarde diría: "Nadie que haya vivido en Barcelona entonces o en los meses posteriores podrá olvidar la agobiante atmósfera creada por el miedo, la sospecha, el odio, la censura periodística, las cárceles abarrotadas, las enormes colas para conseguir alimentos y las patrullas de hombres armados".

La guerra civil atravesó de sangre las tierras de España, de culpas y opresiones recíprocas, de rencores y de lutos, heridas que no se pueden ignorar pero que es necesario sanar para que el ayer cese de contaminar el presente con sus viejos fantasmas y palabras.

¿Cómo albergar esperanzas sobre un futuro más o menos abrigado y razonable si no dejamos de hurgar en las llagas del pasado con la intención de hacerlas supurar todavía más, si seguimos lanzándonos los nombres y las vidas de nuestros mártires a la cara, si siguiendo el ejemplo de los antiguos combatientes carlistas, perdedores de todas las guerras civiles del XIX, damos hervor y actividad a los odios del 36, con la fosa del padre de éste, el fusilamiento de la madre del otro, los balazos que enseña con orgullo el abuelo del más allá?

 

 

domingo, 15 de diciembre de 2013

EL ORIGEN DE LAS HUELLAS DACTILARES



Fue técnicamente desarrollado por el antropólogo y más tarde policia Juan Vucetich (este es su nombre argentino).  Pero en las civilizaciones babilónicas y persas ya se conocía que las huellas dactilares eran únicas y personales a cada uno, por eso dejaban sus “marcas” en las vasijas aún por secar. Era como una especie de firma del alfarero. Más tarde, a partir de 1.800 se supo más acerca de las huellas dactilares, como por ejemplo que no se alteraban en el individuo a lo largo de los años, e incluso que eran diferentes para gemelos idénticos. Lo que hizo Juan Vucetich era clasificar las huellas dactilares a partir de 4 grandes grupos.

El primer caso al que se enfrentó Juan Vucetich fue de un infanticidio, en el que la madre acusaba al marido de asesinato. Sin embargo, a partir de las huellas dactilares se comprobó que realmente había sido la madre la que cometió el crimen. Primer caso resuelto a través de este método.

PERO ¿CUÁNDO SE INSTITUCIONALIZÓ SU USO?



En 1903, un prisionero llamado Will West llegó a la penitenciaría de Leavenworth. El responsable de la admisión sacó las fotografías y pensando que le conocía, preguntó a West si ya había estado en la prisión.

El prisionero dijo que no y el oficial fue a los archivos y trajo otras fotografías, de un tal William West. No sólo las fotos eran muy similares, sino que coincidían las medidas físicas. Y sin embargo se trataba de otra persona: dos prisioneros con el mismo nombre y aspecto, y sin relación alguna.

Increíblemente un Will West diferente había sido condenado a cadena perpetua en Leavenworth desde 1901, y el nuevo prisionero tenía el mismo nombre, la cara y las mediciones.
Tal incidente hizo que se tomaran mejores medidas para mejorar la fiabilidad de las identidades y que no bastara sólo con fotografías y mediciones, era necesaria una forma infalibe de identidad. ¿Cúal fue? Las huellas dactilares. Así desde 1903 muchas prisiones comenzaron a utilizar las huellas dactilares como el principal medio de indentificiación.
¿Se imaginan la tremenda impresión de ver a un persona igual a tí que no tiene ninguna relación contigo?



¡QUÉ PARECIDOS!


domingo, 1 de diciembre de 2013

JOSELITO Y BELMONTE. UNA REVOLUCIÓN COMPLEMENTARIA


Bajo el nombre de "Joselito y Belmonte. Una revolución complementaria" se ha montado en el Espacio Santa Clara una exposición al cumplirse el centenario de la alternativa de Juan Belmonte. Aprovechando mi tiempo libre cogí el autobús y me planté en Sevilla. Del barrio de la Macarena andando por el barrio de la Feria, Relator, Alameda de Hércules, calle Lumbreras hasta llegar a calle Becas donde está el Monasterio de Santa Clara expectante ante lo que esperaba ver. La visita a la exposición me colmó de satisfacción por su contenido.








Al entrar me di de lleno con las grandes fotos de José y Juan vestidos de luces y la inmensa fotografía de la desaparecida Plaza Monumental de Sevilla, la que se construyó gracias al interés de Joselito por abaratar el precio de las entradas y hacer accesible a los aficionados más pobres su asistencia a los toros. La instantánea  recoge el controvertido derrumbe de la plaza de las gradas en las pruebas de peso, derrumbe que muchos achacaron al interés de los maestrantes de no tener una competidora. Y que fue derribada definitivamente a la muerte del monstruo de Gélvez.




Monteras de José y Juan



Arriba estoque y funda de matar de Juan Belmonte y abajo espadin de acero y funda de 1888 que Alfonso XIII regaló a Joselito




La Chaquetilla campera que lucía Juan Belmonte la mañana de su muerte.

Objetos personales de Juan: gemelos, pitillera, mechero, etc

Escritura de la compra del cortijo Pino Montano por parte de Joselito acompañado de su madre Grabiela Ortega al ser este menor de edad y que posteriormente a la muerte del torero sería adquirido por su cuñado Sánchez Mejías.


Capote de paseo verde y oro de Juan Belmonte.


Saya perteneciente a la Virgen de la Macarena realizada con un traje de torear de Joselito el Gallo


Relicario del cristo del Cachorro, oreja de oro y manigueta del paso de la Hermandad trianera a la que tanto estuvo ligado Juan Belmonte.


Curiosa estatuilla en barro de Juan Belmonte, La Niña de los Peines y Rafael el Gallo.


Fotografía de José vestido de nazareno de la Macarena

 En el patio del convento capote de brega de Juan Belmonte.


Y cruzando el maravilloso patio enclaustrado del convento entramos en el refectorio donde se encuentra la parte, digamos, más emocional, de la exposición.


Comenzando por la fotografía, en mi opinión, más famosa de la historia del toreo. Joselito de cuerpo presente en la enfermería de Talavera de la Reina, incrédulo su cuñado y también matador de toros Ignacio Sánchez Mejías.

Reloj de chalequillo de Juan Belmonte



Famosa pluma de oro que el pueblo de Sevilla, por cuestación popular, regaló al canónigo Muñoz y Pabón por la defensa que hizo de José ante la crítica de ciertos sectores rancios de la capital por el sepelio del torero en la Catedral Metropolitana. El canónigo la regaló a la Virgen de la Macarena que la luce todas las madrugadas de viernes santo en su recorrido por las calles sevillanas.


Pistola del 6,35 con la que Juan Belmonte en abril de 1962 puso fin a su existencia, hasta el final dueño de su propio destino.


Finalmente, chaleco del traje de torear que Joselito el Gallo llevó la infausta tarde del 16 de Mayo de 1920 en Talavera de la Reina, donde el toro Bailaor lo convirtió en mito.


Aún hoy, 93 años después guarda el traje manchas de sangre del Rey de los Toreros.



Al salir libro de visitas en el que no pude resistir la tentación de escribir la injusticia de que Sevilla no haya aún homenajeado como se merece a José Gómez Ortega " Gallito"; quizás poderes fácticos de esta cuidad no le perdonen tantos años después la osadía de construir una plaza de toros para las clases populares. Pero así y todo el pueblo lo sigue considerando el REY DE LOS TOREROS.




PD.- No comprendo como en muchos museos sigue la costumbre de prohibir tomar fotografías aún sin utilizar el flash. Pese a todo, ahí quedan las mías, realizadas a hurtadillas y manejando velocidad y abertura de mi cámara.

domingo, 10 de noviembre de 2013

ESCRACHE: NIXON EVACUADO DE LA CASA BLANCA

La historia está llena de curiosidades. En los últimos tiempos en nuestro país debido a su situación económica y unido a los casos de corrupción se están produciendo una inmensidad de manifestaciones, algunas de ellas llegaron a rodear el congreso de los diputados. Últimamente la palabra ESCRACHE se ha puesto de moda queriéndonos hacer entender los políticos que esto es antidemocrático. Pienso que antidemocrático es lo que han hecho ellos con este país  maravilloso  dejándolo en la ruina y a mucho de sus ciudadanos en la miseria.
Pero bueno el caso es que esto de los escraches no es nuevo. El más famoso de la historia se produjo en USA, la cuna de la democracia, según algunos, cuando el por entonces presidente Nixon, tuvo que ser evacuado hasta dos veces de la casa blanca como consecuencia de las protestas como consecuencia de los sucesos de Ohio de 1970. 

Pero qué fue lo que ocurrió para que el presidente de la nación más poderosa del mundo estuviera por dos veces en franco peligro en su propia casa.

En 1970 la primera legislatura de Richard Nixon estaba en su segundo año y el presidente había prometido durante la campaña electoral de 1968 poner fin a la intervención militar estadounidense en Vietnam antes de  el fin de su mandato; sin embargo, la implicación de Laos y Camboya en el conflicto no solo prolongó la guerra, sino que, a raíz de este acontecimiento, el gobierno de Nixon decidió incrementar el número de acciones militares en el sureste asiático y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, se llevaron a cabo los impopulares sorteos de reclutamiento. Estas medidas, sumadas al aumento del número de bajas militares y civiles en el conflicto, sensibilizaron en contra de la guerra a la población de EEUU, en especial a la comunidad universitaria, la cual no tardó en mostrar su descontento convocando varias manifestaciones pacifistas en las universidades de todo el país.

LAS VÍCTIMAS MORTALES


El jueves 30 de Abril el presidente Nixon anuncia por televisión el inicio de una incursión militar al interior del territorio de Camboya. Durante los días siguientes los estudiantes de la universidad de Kent se reunieron en asambleas públicas para organizar las protestas contra la política de Nixon. Los manifestantes estaban furiosos y en los días 1, 2 y 3 de Mayo se perpetraron algunos destrozos y saqueos en comercios locales. Después de esto, los rumores sobre disturbios entre estudiantes y policías se propagaron rápidamente por la localidad de Kent y sus alrededores, creando un clima de inseguridad. La falta de efectivos policiales llevó al alcalde de Kent, Leroy Satrom, a solicitar la ayuda de la Guardia Nacional para reforzar a las fuerzas de seguridad locales; su principal cometido seria disolver los grupos de estudiantes y bandas juveniles que protestaban en el centro de la ciudad y el área universitaria. Aunque el numero de manifestantes era elevado, por lo general no se registraron demasiados disturbios y saqueos; aun así, el gobernador de Ohio, James A. Rodees, decidió tomar el mando de todas las fuerzas policiales y militares con el fin de sofocar las protestas lo antes posible.


Uno de los estudiantes abatido


El lunes 4 de Mayo se convocó una protesta en el Campus del Commons. Las autoridades locales la prohibieron, pero, pese a esto, antes del mediodía unos 2000 estudiantes se concentraron en torno al campanario del Campus (lugar donde se celebraban los triunfos deportivos de la universidad) y tres compañías de la Guardia Nacional fueron movilizadas con el fin de disolver la manifestación. En un principio, la policía intentó dialogar con los estudiantes; ante la negativa de estos a disolverse, se dio orden a la Guardia Nacional de utilizar gases lacrimógenos contra la multitud. Un cambio inesperado en la dirección del viento alejó el gas lacrimógeno de los estudiantes, que tomaron los botes de gas y los lanzaron contra los soldados. Los militares tuvieron que utilizar mascarillas antigás para no resultar intoxicados, y este hecho suscitó mucho nerviosismo entre las tropas. Después de arrojar los botes de gas, algunos estudiantes empezaron también a lanzar piedras. El pánico se apoderó de algunos soldados, que abrieron fuego sobre la multitud; el tiroteo duró solo unos segundos; trece estudiantes fueron alcanzados por los disparos y cuatro de ellos fallecieron a causa de las heridas.

A raíz de lo ocurrido, las protestas en contra de la guerra y el sentimiento anti-militarista se acrecentaron por todo Estados Unidos y 450 universidades de todo el país cerraron en dos jornadas de huelga en protesta por el matanza. Las manifestaciones más violentas se produjeron en Washington DC, donde 100.000 manifestantes ocasionaron graves destrozos y se enfrentaron con la policía; la situación se volvió tan tensa que el propio Nixon tuvo que ser evacuado de la Casa Blanca en dos ocasiones.


Después del crimen de Kent el FBI inició una investigación para esclarecer los hechos, se identifico a los ocho soldados que habían abierto fuego contra los estudiantes y se concluyó que la Guardia Nacional había respondido de manera desproporcionada a la amenaza de los manifestantes. La autoridad militar se defendió alegando que el gobernador Rodees había tomado el mando de las fuerzas militares y había ordenado disolver a los estudiantes por todos los medios posibles. Los juicios por los cuatro asesinatos se prolongaron hasta 1974; ese año, el tribunal  absolvió a los soldados por falta de pruebas.


La mejor respuesta a los sucesos del Kent State University fue la canción de protesta "Ohio", escrita por Neil Young para Crosby, Stills ,Nash y Young. que fue escrita, grabada y salió al aire en las estaciones de radio principales por todo el país tan sólo dos semanas y media después del incidente en la Kent State. 


domingo, 27 de octubre de 2013

EL CASO DE LOS TRES GALLEGOS

Hoy, cuando el Tribunal de Estrasburgo ha tirado por tierra la doctrina Parot, no estaría demás un recuerdo a las victimas de estos asesinos y cobardes que se benefician de la democracia.
Como homenaje a todas las victimas producidas por el terrorismo etarra quiero tener un recuerdo para los tres gallegos asesinados por ETA hace ya 40 años y que aún no han tenido el descanso merecido así como sus familias.

El caso de estos tres jóvenes gallegos es uno de los secretos mejor guardados por la organización terrorista ETA, que todavía hoy no se ha responsabilizado de los tres asesinatos ni ha emitido comunicado alguno.
 Los hechos ocurrieron como sigue:

 Los tres jóvenes comieron el sábado 24 de marzo de 1973 en Irún. Desde allí se desplazaron a Hendaya o San Juan de Luz, al cine con el fin de ver una película que en España estaba prohibida por la censura.
 A la vuelta, en el lado izquierdo de la carretera que serpentea desde San Juan de Luz a la frontera, los chicos vislumbran las luces parpadeantes de una discoteca.  
Los gallegos se acodan en la barra y comentan algunas de las ardientes escenas vistas en el cine un rato antes. Suben el tono, se ríen e intercambian bromas, ignorantes de que en una esquina, parapetados tras unos vasos de güisqui, varios pares de ojos les observan.
 Uno de los que mira, el más excitado por el alcohol, es Tomás Pérez Revilla, gerifalte de ETA. Con él hay otros cuatro que mascullan refiriéndose a los gallegos palabras como «hijos de puta», «cabrones» o «txakurras».
 Pérez Revilla y sus compinches se convencen de que los de la barra son policías camuflados y urden a toda prisa un plan. Media hora después, cuando los gallegos salen al oscuro aparcamiento, justo cuando están a punto de encaramarse al Austin 1300 en que salieron de España, los cinco etarras los interceptan a punta de pistola. Al ver el arma, dos de los gallegos se quedan estupefactos. Humberto, el mayor, se yergue peleón pero antes de que pueda mover un dedo recibe un tremendo botellazo en el cráneo.
Los etarras amarran a la espalda las manos de sus prisioneros, incluidas las del malherido Humberto. Los introducen a empellones en el maletero y parten con ellos, usando el Austin y su propio vehículo. Enfilan hacia Saint Palais, en pleno corazón del País Vasco francés, a medio centenar de kilómetros de distancia. Allí, protegidos por sus cofrades de Iparraterrak y amparados por la simpatía que despertaba la oposición a Franco, los etarras tienen una estructura que permite albergar, dar trabajo y hasta entrenar a los que salen de España para integrarse en la banda o huyen de la policía.
El centro del entramado es un vivero al que los lugareños llaman La Serra, donde en los momentos álgidos labora hasta una treintena de personas. Es en el vivero, en uno de los barracones, entre tenazas de podar, martillos, carretillas y aperos de labranza, donde Pérez Revilla y sus colegas inician el interrogatorio. La tortura se prolonga hasta el amanecer.
  Al cabo de una noche agónica, en la que lo único que logran arrancar de la boca de sus cautivos son gemidos, gotas de sangre, dientes y la desnuda verdad, Pérez Revilla y los suyos comienzan a sospechar que se han equivocado. No han capturado a unos policías, enviados desde España para husmear en el santuario etarra.



LOS TRES JÓVENES TRABAJADORES GALLEGOS ASESINADOS Y TORTURADOS POR ETA


Aquellos tres seres hechos pedazos no son agentes camuflados. Se trata quizá, como los muchachos han jurado desde el primer momento, de simples emigrantes gallegos. 

 El grupo de asesinos, torturadores y secuestradores estaba comandado por Tomás Pérez Revilla, asesinado en 1984 por los GAL, junto a Manuel Murua Alberdi, alias El Casero; Ceferino Arévalo Imaz, alias El Ruso; Jesús de la Fuente Iruretagoyena, alias Basakarte,; Prudencio Sudupe Azkune, alias Pruden, y Sabino Atxalandabaso Barandika, alias Sabin.


Hasta cuando se es un malnacido puede quedar un recodo de humanismo dentro de una persona. Esperemos que un día unos de estos etarras de un paso al frente y tenga la valentía y gallardía de decir donde se encuentran los cuerpos de estos tres jóvenes para que tengan un descanso digno y sus familiares el lógico consuelo.