lunes, 23 de julio de 2012

LA PRIMERA BURBUJA "ECONÓMICA" DE LA HISTORIA

Estamos viviendo una época en nuestro país, que con motivo de la crisis económica que padecemos, todos o casi todos estamos adquiriendo unos "bastos" conocimientos de economía.¡Vamos que a Adam Smith lo dejamos en pañales!

 ¡Qué si la prima de riesgo!...hija puta la prima; ¡que si el euribor!, ¡que si crisis financiera!, ¡que si el Ibex!, etc, etc, 

 Todos estamos de acuerdo,que la crisis se inicia con la burbuja inmobiliaria, agravada por políticos y banqueros que no dejan de meter la mano en el cajón. 
 Parece que el tema de "la burbuja" es nuevo, pero estamos equivocados. Desde que la economía va pasando de una economía de intercambio al cada vez más complejo y salvaje sistema capitalista, los casos de burbujas económicas han proliferado. 

 Del primero que se tiene noticias, desde un punto de vista histórico, es el ocurrido en Holanda con la BURBUJA DE LOS TULIPANES.  



Veamos el caso: 


 Este episodio, acaecido en Holanda en el siglo XVII, es uno de los ejemplos más citados a la hora de ilustrar el concepto de burbuja especulativa. 
Quizás es, por el objeto de la especulación, uno de los más curiosos, aunque desde luego no el único.

 Los tulipanes llegaron a Europa Occidental a finales del siglo XVI, y en un principio no eran demasiado populares (ya que en su estado natural no es una flor especialmente atractiva). Sin embargo, tras verse afectadas por un virus, empezaron a surgir una gran variedad de colores y una forma, irónicamente, más agradable, lo que provocó un creciente interés por ellos. 

La boyante situación económica en Holanda, derivada de su gran actividad comercial, hizo el resto; y a principios del siglo XVII, los bulbos de tulipán se convirtieron en piezas de coleccionista. 

En la década de 1630, el panorama se volvió enloquecido, con un mercado de los tulipanes cada vez más activo. Los precios ascendían sin parar, alcanzando cifras desorbitadas; en 1635 se llegaron a pagar 100.000 florines por 40 bulbos, y por un bulbo de la preciada especie Semper Augustus, se podían pedir 5.500 florines.

 En esta situación, generalizada en todo el país, se generó la ilusión de que siempre se ganaba en el mercado del tulipán. Independientemente de a qué precio se comprara, alguien siempre estaría dispuesto a pagar más. Gentes de todas las clases se lanzaron a comprar bulbos de tulipán, deshaciéndose de sus bienes más básicos, con la esperanza de revenderlos obteniendo un beneficio. Un marinero desconocedor de los tulipanes fue encarcelado tras comerse por error un bulbo. Sin embargo, en algún momento a principios de 1637, algunos de los especuladores detectaron signos de agotamiento del mercado (por vez primera no se vendió una colección exclusivísima de tulipanes), y decidieron que era buen momento de vender y salir del mismo con sus ganancias. Esta actitud se contagió rápidamente y el pánico se apoderó del país. 


Quienes tenían bulbos en esos momentos, adquiridos a precio de oro, se encontraron sin compradores. La situación no era mejor para los que habían comprado mediante un contrato de futuros: se veían obligados a comprar a un precio que ya no era el de mercado. La situación era tal que el gobierno holandés trato de mediar, estableciendo unas normas que consideraban nulos los contratos realizados a partir de noviembre de 1636, y que establecían que los contratos de futuros debían ser satisfechos con un 10% de la cantidad establecida inicialmente. 

Sin embargo, estas medidas no dejaron contento a nadie: los compradores se veían obligados a pagar por algo que ya no tenía valor, y los vendedores tenían que vender a un precio menor que el acordado. 

La explosión de la burbuja dejó, como siempre ocurre, vencedores y vencidos. Vencieron aquellos que se salieron justo antes de la explosión, acumulando grandes beneficios. Perdieron quienes habían liquidado su patrimonio para especular con bulbos y al final se quedaron con tulipanes y sin casa. Y perdió el país, que durante años se vió sumido en una importante depresión económica.

PD.- Pero la diferencia es que aquí los que perdieron fueron los que se prestaron al juego del dinero fácil y no como ocurre ahora en nuestro país que pierden las clases más modestas y los culpables se van de rositas.

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