Según
la Real Academia Española, la palabra “reliquia” que
deriva del latín reliquiae, se entiende como “el residuo que
queda de un todo, una parte del cuerpo de un santo o aquello que, por haber tocado ese cuerpo, es digno de veneración”.
deriva del latín reliquiae, se entiende como “el residuo que
queda de un todo, una parte del cuerpo de un santo o aquello que, por haber tocado ese cuerpo, es digno de veneración”.
En otros contextos tan alejados de la religión como la tauromaquia, nos encontraremos la muleta de Manolete, o el cráneo de Islero (el toro que acabó con él). En el mundo militar podemos hallar la espada Tizona que empuñó el Cid Campeador o una de las lámparas de la galera “Sultana” capturada por Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto (luego ofrecida a la Virgen de Guadalupe).
Y así seguiríamos por los diferentes campos en los que una figura alcanza tal carisma que sus pertenencias pasan a ser el recuerdo material al que apegarse tras la muerte de tal o cual celebridad.
En un momento de su larga historia, la Iglesia Católica necesitó de diversos artículos (reliquias) que sirvieran para derrotar a los escépticos que dudaban de las crónicas vaticanas y al mismo tiempo, sirvieran para ayudar al sostenimiento de las iglesias, catedrales, etc, de la época. Así fue como surgieron multitud de reliquias en todas partes. Estableciéndose una lucha o rivalidad entre comunidades católicas para ver quién tenía la reliquia más llamativa y milagrosa con el fin de que sus fondos económicos fueran en aumento.
Hace unos meses asistiendo a una misa en el que se encontraba expuesto a los devotos el Santo Lignum Crucis, es decir una reliquia de la cruz en que Jesucristo fue crucificado, el oficiante comentó que él en particular, no sabría decir si esa reliquia allí presente era verdadera o falsa por lo que decidí leer sobre el tema.
La verdad sea dicha es que cuando comienzas a informarte sobre el tema te sorprendes un poco al ver, no ya el número elevadísimo de reliquias sino el caracter de muchas de ellas.
Junto a algunas que podríamos catalogar como posibles, el Lignum Crucis, la Sábana Santa, etc; encuentras otras que dan que pensar, no ya solo por su caracter sino incluso por el número de ellas. Así, tendríamos la existencia de unos 500 dedos del niño Jesús, más de 800 espinas de la corona de Cristo, varios miles de monedas con las que Júdas vendió al Maestro, y un largo etc,etc....
Sin embargo, y entrando de lleno en el tema, la que más me llamó la atención fue la del Santo Prepucio de Jesús, del que por cierto se conocen más de trece los existentes en las distintas catedrales, iglesias, basílicas, etc. Entre ellas las de Amberes, Paris, Brujas, la basílica laterana de Roma, la de Lapuy, Metz......
La verdad sea dicha es que cuando comienzas a informarte sobre el tema te sorprendes un poco al ver, no ya el número elevadísimo de reliquias sino el caracter de muchas de ellas.
Junto a algunas que podríamos catalogar como posibles, el Lignum Crucis, la Sábana Santa, etc; encuentras otras que dan que pensar, no ya solo por su caracter sino incluso por el número de ellas. Así, tendríamos la existencia de unos 500 dedos del niño Jesús, más de 800 espinas de la corona de Cristo, varios miles de monedas con las que Júdas vendió al Maestro, y un largo etc,etc....
Sin embargo, y entrando de lleno en el tema, la que más me llamó la atención fue la del Santo Prepucio de Jesús, del que por cierto se conocen más de trece los existentes en las distintas catedrales, iglesias, basílicas, etc. Entre ellas las de Amberes, Paris, Brujas, la basílica laterana de Roma, la de Lapuy, Metz......
Como todos sabeis, los judios tienen la tradición milenaria de quitar el prepucio al octavo día de nacimiento, como símbolo de la alianza entre Abraham y Dios. A Jesús, como judio que era le habría correspondido y así lo recoge la historia oficial. Por lo tanto, el destino de ese prepucio dio lugar a debates intensos.
Según la tradición, una anciana que oficio de Mohel laceró el capullo y lo entregó a su hijo con la prohibición de que lo vendiera. Este desobedeció y el Santo Prepucio inició un vagar por el mundo.
Algunos han pensado que también subió a los cielos a sentarse a la diestra del Padre, otros como León Alacio opinan que el tejido santo se convirtió en los anillos del planeta Saturno.
Lo que no cabe duda es que el objeto tuvo existencia física y según la historia oficial su primera propietaria fue María Magdalena, posteriormente, apareció en el siglo IX a manos de la emperatriz Irene de Bizancio que se lo regaló a Carlomagno el dia de su boda.
Sabemos que en el siglo XII el Santo Prepucio fue llevado en procesión a Roma y que un siglo después se constituyó la primera Hermandad del Santo Prepucio con peregrinación incluida a Charroux.
De todos los prepucios existentes, el de Calata merece especial atención. El relicario que lo contenía se exhibía en un desfile por las calles de la ciudad, incluso hasta el año 1.983 tenía su festividad reconocida por la Iglesia Católica. Era el 1 de Enero.
Con el , el énfasis puesto por la Iglesia en las reliquias ha disminuido considerablemente y muchas se vieron relegadas a la categoría de leyendas pías, entre ellas el Santo Prepucio.
El 3 de Diciembre de 1.903, la Sacra Congregación para la Doctrina de la Fe, o para ser más claro, la Santa Inquisición, vigente aún hoy aunque, con otro nombre y otras prácticas, proclamó el decreto ABERRATIO DEVOTIONIS.
En este decreto en su número "37-A" se declara que toda persona que hable, escriba o lea sobre el Santo Prepucio sería considerada despreciable aunque tolerada, pero la Santa Sede se reservaba el derecho a excomulgar a quien lo hiciera de forma escandalosa o aberrante.
Así es como muchos objetos, entre ellos el Santo Prepucio, adornaron altares y hoy yacen escondidos en algun lugar del Vaticano; otros continúan a la vista de los fieles y público en general en templos católicos del mundo.
PD.- Para evitar mi excomunión como recoge el mencionado artículo del Aberratio Devotionis he obviado alquna que otra historia del pellejo sagrado sobre todo las referentes a la monja capuchina austriaca Agnes Blannbekin.

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