Dedicado a mi amigo, colega y paisano de la Fragosa, D. José Silva Rodríguez.
No cabe duda que la presencia de la mujer en la historia de la tauromaquia ha sido escasa en relación con las de los hombres. La historia, nos muestra que su presencia es una continua ruptura y superación.
Por una parte, encontraron las continuas prohibiciones de los gobiernos para poder ejercer este arte; pero además cuando se retiraba la prohibición siempre o casi siempre, como decía un crítico taurino "les han segado la hierba bajo los pies".. porque no podemos obviar que el mundo de los toros es "un tanto machista".
Pero, a pesar de todos los impedimentos, han sido muchas las mujeres que con más o menos éxito ha ejercido como toreras desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Nombres como la Pajuelera, La Atarfeña, La Fragosa, La Guerrita hasta las mas modernas como Maribel Atienza, Cristina Sánchez o la malagueña Mari Paz Vega, son conocidas por muchos aficionados.
El motivo de este post es indagar un poco en la historia de una peculiar e interesante torera del siglo XIX Dolores Sánchez "La Fragosa", por una parte por ser casi mi paisana pues es natural del pueblo donde ejerzo mi profesión desde hace ya 27 años, y en segundo lugar por ser desde mi punto de vista una revolucionaria que cambio la historia de la tauromaquia de la mujer, a pesar de que como veremos más adelante no llegó a tomar la alternativa.
La "Fragosa" era una
torera poderosa, con mucha valentía y arrojo, lo que no era incompatible con belleza y porte, lo que hizo que muchos críticos
taurinos estuvieran más pendientes de esto último y sus relaciones que de su
verdadera dimensión taurina.
Lo primero que hay que tratar es el
de su nacimiento. De toda la literatura taurina conocida se saca la conclusión que Dolores Sánchez es
sin duda guillenera, Nacida el 25 de Septiembre de 1886. Las dudas, sobre este
hecho, provienen de que desde joven vivió en Cádiz, Sevilla y otros lugares de la geografía andaluza
debido al quehacer de sus padres, vendedores ambulantes.
Era una torera con mucho poderío,
mucha valentía y arrojo, lo que no era incompatible con belleza y porte, lo que hizo que muchos críticos
taurinos estuvieran más pendientes de esto último y sus relaciones que de su
verdadera dimensión taurina.
Fue la primera torera en vestir la
taleguilla y en formar su cuadrilla solo de hombres, entre ellos tuvo como
subalterno al famoso Bebe, cordobés, antepasado de Manolete. Estuvo casada con
el también torero Antonio Escobar
"El Boto".
En los cinco o seis años que duró
su carrera taurina conquistó muchos triunfos en todas las plazas importantes de
Andalucía y España, pero como dijimos con anterioridad muchos críticos taurinos
estuvieron más atentos a otros aspectos de su vida que a la dimensión taurina.
Baste observar la crítica machista existente en el poema del cronista Ángel
Caamaño " El Barquero".
“En vez de dedicarse
a planchadora
o hacerse lavandera
se dedicó al toreo
esta señora
y, al fin, se hizo
torera.
Cada cual tiene un
gusto diferente
y así vamos tirando:
pero yo lo que opino
es, francamente,
que estaría mejor
Lola fregando”.
Desempolvando añejas crónicas, a nuestra
vista, se ofrece la de la novillada con picadores celebrada en el coso de Santa
Margarita, el 13 de junio de 1886, en la que actuó Dolores Sánchez “La
Fragosa”, renombrada y elegante señorita torera sevillana, bella mujer,
arrogante y valiente en los ruedos. Abriendo un paréntesis de carácter
divulgativo, apuntar que Lola conquistó justa fama, introduciendo importantes
cambios en el toreo femenino de esa época como el de incorporar hombres en su
cuadrilla y sustituir la falda por una prenda parecida a la taleguilla. La Fragosa,
había nacido el 25 de septiembre de 1866, en el núm. 24 de la trianera calle
Larga. En aquella temporada de 1886, torearía – entre otras importantes plazas
– en Úbeda y Andújar; presentándose también en Madrid, en la del Puente de
Vallecas, y en capitales como: Jaén, Córdoba, Málaga, Cádiz, Granada o
Valencia.
La antedicha reseña – sin firma – se
publicó siete días después, en la portada del número 848 de El Eco Minero,
“Periódico de intereses generales”, con redacción en Mendizábal, 13 de Linares
y que dirigía D. Julián de Martos Morillo, gran aficionado.
Nótese que – en aras del rigor documental
e histórico – la transcripción del original (entrecomillado y en cursiva) se ha
realizado al pie de la letra, por lo que sorprenderá al lector la grafía de
algunas palabras y la ausencia de sobreentendidas tildes.
El anónimo redactor, con descaro, reprocha
haber tenido que pagar en taquilla “cuarenta y cinco perros (sic) chicos,
gracias á las atenciones de la desconocida (para nosotros) empresa de toros”.
Con mediana entrada y sin ningún incidente desagradable, se jugaron cinco
berrendos de la ganadería de don José María Ginés, de Santa Elena, de feas
hechuras, desiguales de presentación y edad (los hubo hasta con cinco años) y
que, en general, mansearon. Destacó el quinto y último de la suelta, cuatreño
que atendía por “Rizco”, de capa negra y bien armado,“mas listo que Cardona, y
valga la comparacion, salió ligero y se acreció al castigo en tal forma que ya
perdimos la cuenta de las veces que se acercó á los picadores, mató dos
caballos; los diestros tuvieron ocasion de lucirse y lo hicieron; todos ellos
capotearon a su gusto…” (sic), según relataba el periodista.
El cartel lo componía: “la
simpática, aplaudida é intrépida matadora de toros [no llegó a tomar la
alternativa] Dolores Sanchez, (á) “La Fragosa” (sic), en unión de los diestros
Ángel Villar “Villarillo” (de Jaén) y Antonio Pérez “El Espartero”, de Triana,
“como si digeramos el espartero de contrabando”, apostillaba con “guasa” el revistero.
Al primero de “los becerros” (en
tono peyorativo), negro y gacho, que “llevaba comidas tres yervas”, Dolores,
con “todo el aire propio de una barbiana” se fue para el bicho, trasteándolo“a
su manera” para tumbarlo de tres pinchazos y media aguantando. En pago a su
hazaña, la “heroina” fue muy aplaudida, lanzándole sombreros a la arena, y – a
tal insistencia – se le concedió una oreja. La Fragosa, “la tiró por alto” (era
costumbre entonces), terminando así “su misión; el público contento, ella, satisfecha”.
En el párrafo siguiente, se informaba que “De esta célebre dama, hemos oído
decir que se ha adquirido un retrato por una señora extranjera (sic) y que ha
sido enviado á Inglaterra”.


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