jueves, 1 de septiembre de 2011

LOS REYES CATÓLICOS EXCOMULGADOS. ESPAÑA, ¿ FRUTO DE UNA ILEGALIDAD?¿VERDADERAMENTE CONSIGUIERON LA UNIDAD DE ESPAÑA?


Para la iglesia católica el mayor castigo posible es la excomunión. Si a través del bautismo las personas se unen a Cristo y su Iglesia, la excomunión es el mecanismo contrario y excluye a los sancionados de la recepción y administración de los sagrados sacramentos.
Precisamente esto tiene su relación con una historia acaecida en el siglo XV. El 19 de Octubre de 1469 contraían matrimonio Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en Valladolid. Nadie diría por el escaso número de asistentes y el poco calor con el que transcurrió la ceremonia, que estaban asistiendo los allí presentes a un hecho transcendental para la historia universal. Podríamos calificar a la boda como secreta e ilegal.


Por una parte, Isabel y Fernando estaban contradiciendo lo pactado por Isabel con su hermano, Enrique IV, en ese momento Rey de Castilla.
El Rey de Castilla había contraído matrimonio con Juana de Portugal. Su primer matrimonio fue anulado por el Papa al comprobarse, según los textos de la época, su no consumación. Mucho se ha hablado sobre el misterio que envuelve a Enrique IV, para muchos historiadores era impotente y otros en cambio opinan que sus problemas conyugales se debían a su homosexualidad. De este segundo matrimonio nació una hija, Juana, a la postre conocida como Juana la Beltraneja por ser, supuestamente, hija de Beltrán de la Cueva y no del Rey. Por lo tanto el Rey, a ojos de la oposición no tenía hijos legítimos. Presionado por las deudas y los peligros de revuelta firmó un tratado por el que nombra a su hermano Alfonso como heredero del trono castellano. Alfonso muere y aparece en escena Isabel, esta llevaba tiempo conspirando y sus partidarios extendieron las sospechas sobre las infidelidades de la reina. Isabel fue nombrada heredera, pero con una condición, necesitaría la aprobación del Rey.
La unión con Fernando era demasiado jugosa e Isabel supo verlo rápidamente. El Rey no lo hubiera aceptado y al enterarse de la violación del acuerdo tuvo la excusa perfecta para desheredar a Isabel y nombrar sucesora al trono a su hija Juana, jurando públicamente que era ella era su hija legítima.
Isabel había cometido un acto ilegal, Enrique IV tenía la excusa perfecta para poder de nuevo acosar a su hermana que se había ganado el favor de la pequeña nobleza castellana. Además consiguió la excomunión de los contrayentes. Isabel y Fernando eran primos y por tanto necesitaban una dispensa papal. Existiendo este grado de consanguinidad la dispensa preceptiva necesitaba el visto bueno del Rey, algo que por supuesto no se iba a dar.
Pero lo más curioso fue que el Papa Paulo II recibió una carta del Rey solicitando la autorización del matrimonio, era una falsificación. Irritado el Pontífice la negó y en poco tiempo llegó a sus oídos que la joven pareja estaba usando una bula papal falsificada. La paciencia del Papa llegó a su fin y decretó la excomunión de los futuros reyes católicos.

El futuro Papa Borgia y el obispo Carrillo falsificaron la dispensa y así los Borgia serian beneficiado con el Ducado de Gandía por sus orígenes valenciano.
Años después cuando el Papa Borgia ocupo San Pedro,  consiguió levantar la sanción eclesiástica y más tarde nombraría Rey Católico a Fernando II.


 La historia transformó este hecho pues  otorgó también ese título a Isabel aunque esta no lo recibió. Es necesario recordar que en ese momento el Rey de Francia había conseguido también del futuro Papa Alejandro VI el título de Rey Cristianísimo y esta fue una forma de compensar al gran valedor del Papa.
Los que serían considerados por todos como dos de los más grandes defensores de la fe católica, fueron durante un tiempo prófugos de la Iglesia. La pena de la excomunión aplicada a herejes o personas que crean un cisma cayó sobre los hombros de los futuros Reyes Católicos.


Otro tema , quizás afirmado históricamente de forma precipitada, es el de la Unidad de España conseguida por los Reyes Católicos. En este punto es necesario señalar que los distintos reinos se asociaron a título “personal” desde el momento que obedecían a una misma persona o príncipe. Sin embargo cada reino siguió manteniendo su propia constitución jurídica, política y aún social. Se mantuvieron las aduanas, las fronteras correspondientes, hasta tal punto que un viajero del siglo XVII, el padre Arriaga que fue de Castilla a Roma, se quejaba de haber tenido que pasar seis aduanas antes de embarcarse en Barcelona.
En el presente mapa falta el Reino de Galicia, que previamente había sido conquistado por la fuerza de las armas en una extraña alianza entre Sancho II de Castilla y Alfonso VI de León.



Solo fue a partir del siglo XVIII cuándo comenzaría el proceso de unificación jurídica, pero ya la diferenciación histórica y hasta sentimental de los distintos territorios quedaría reflejada como una realidad destinada a tener las más amplias repercusiones en nuestra Historia Contemporánea.


Con este artículo no quiero poner en duda la existencia de España como Nación, pero si aclarar, ante la corriente actual, por parte de ciertos sectores de nuestra querida España, que parecen querer acabar, en una época de crisis económica mundial provocada por el radicalismo neoliberal económico, con el estado de las autonomías, que estas son consustanciales al ser de Hesperia, España o Iberia y no son frutos, como se quiere dar a entender de la II República o de la época de la transición sino de periodos anteriores incluso a la conquista romana y querer hacer desaparecer lo propio de cada región nos puede llevar a hechos desagradables como los ocurridos en nuestro suelo ibérico desde años pretéritos.





Finalmente quisiera traer aquí, una reflexión del escritor Julio Caro Barona incluida en su obra “Los Moriscos del Reino de Granada”. Esta no es otra que la diferencia entre los vocablos “coexistencia” y “convivencia”. Con la palabra coexistencia queremos expresar el hecho de que dos o más naciones, territorios, estados o sociedades en general, viven simultáneamente aunque separados entre si; mientras la convivencia es algo más estrecho en las relaciones humanas, significa vivir juntamente con otro, y por lo tanto, dentro de una comunidad mayor o menor de intereses y obligaciones. La convivencia se rompe, a veces, por disputas luchas civiles o discrepancias internas pasando a un régimen de coexistencia secular.

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