Silvio Fernández Melgarejo más conocido por su nombre de pila Silvio (nace en La Roda de Andalucía, Sevilla, 8 de agosto de 1944, muere el 1 de octubre de 2001), fue uno de los exponentes más importantes del rock sevillano, el representante de la provincia, que llegó a convertirse en leyenda mucho antes de su fallecimiento.
Su padre fue un redactor jefe del diario ABC de Sevilla, Antonio de los Santos, su madre se llamaba Eva, de raza gitana, del municipio de Los Palacios, en la misma fecha pero diez años más tarde, nació la única hermana de Silvio, Evita.
Contrajo matrimonio con una rica heredera del Reino Unido, pero duró muy poco, de este matrimonio nació un hijo y se gastó todo el dinero.
De voz peculiar con la que daba su particular característica al rock, rasgos físicos únicos de ojeras y arrugas pero rostro de buena persona y el arte que lo rodeaba como si fuera una aureola lo dicen todo de él, un ser genuino y auténtico.
Cuando salía a cantar, era el rey del escenario en todo momento, siendo respetado por el público que guardaba silencio mientras se preparaba para el espectáculo, tambaleándose de un lado al otro, o cuando continuaba cantando sin el micrófono en funcionamiento, incluso cuando se negaba a cantar después de estar listo todo en el escenario y tenían que hacer el trabajo el resto del grupo, mientras el deambulaba entre los músicos al ritmo de la melodía.
La mayoría de las ocasiones en que se lanzaba a cantar, necesitaba un poco de empuje para poder terminar alguno de sus temas mientras los cantaba, la gente lo adoraba sin embargo.
Sólo grabó en su carrera musical cinco discos donde se mezclaban versiones de clásicos de las décadas de 1950 y 1960, combinando rock americano y canciones italianas junto a los conocidos temas de Antonio Molina, haciéndolo en cualquier idioma que se le venía a la cabeza, ya fuera el inglés, francés, portugués o italiano improvisando siempre que algo le era desconocido, eso hacía que sus conciertos tuvieran ese distintivo inimitable.
Entró a formar parte de la historia del rock, por su toque tan personalizado, lleno de improvisaciones y un idioma único. Algunos de sus temas estaban dedicados a vírgenes sevillanas, al Rey San Fernando, al Real Betis Balompié, desde su composición se hicieron famosos como el. Una de sus canciones más famosas es “Rezaré”, que dedicó a todas las imágenes marianas de la Semana Santa de Sevilla. Actuó en directo junto con otros grandes de la canción como son Joaquín Sabina, Ketama, Loquillo y los Trogloditas, en la inauguración de “Cartuja’93” actualmente conocida como Isla Mágica. Un amante de la libertad, el rock, la Semana Santa de Sevilla, el Sevilla F. C. y de la ciudad misma, gritándolo a los cuatro vientos. Silvio fue un señor muy educado por encima de todo, uno de los mayores forofos del Sevilla Fútbol Club más que de ninguna otra cosa, pero tenía amigos de los dos clubes de fútbol de la ciudad, tanto es así que uno de sus más famosos temas que decía en su estribillo “no busque más que no hay” está dedicado al Real Betis Balompié y lleva por título "Betis". Sin embargo, si uno pone atención al tema, y además corroborado por músicos y público, Silvio jamás decía la palabra "betis" completa, sino que cantaba "etis". Lo que más le gustaba aparte de cantar rock era el fútbol, un gin-tonic y un cigarrillo, que siempre llevaba entre los labios. Sus últimos años los pasó en soledad y casi olvidado del mundo, en Madrid le dedicaron un homenaje en La Boca del Lobo bajo el título “Solemne Quinario de besamanos a Silvio”. Otro "homenaje" que recibió fue el de los bares de Sevilla, que decidieron de motu propio que Silvio no volvierá a pagar en ninguno de ellos porcos años antes de morir. Silvio murió siendo un mito en vida, el 1 de octubre de 2001 en Sevilla, en el Hospital Virgen del Rocío, a causa del abuso de lo que el consideraba “buena vida” que se dio acompañándola de conocer bien las altas horas de las madrugadas, horas muertas delirando por el alcohol y nubes de tabaco que siempre le seguía, su cuerpo terminó dejando libre su alma tras una parada cardiorrespiratoria. Muchos conocidos fueron a despedirlo el día de su entierro, en el cementerio de San Fernando de Sevilla, la ciudad que lo adoró y que también lo olvidó, como hace con sus hijos malditos, estuvieron todos los que formaron parte alguna vez de su azarosa biografía de bohemio con corbata: Pive Amador, amigo y compañero de «charlas filosóficas que terminaban en canciones»; Kiko Veneno; Luz Casal, que dijo de él que era lo más parecido a Dios que había visto; Raimundo Amador; Gualberto; Jesús Quintero, El Loco de la Colina, que lo convirtió en uno de los personajes más lúcidos de su galería de raros y perros verdes, o el productor musical Ricardo Pachón que comentó: «Estamos enterrando a alguien inmortal y deberíamos bebernos litros de Cruzcampo y cantar la Ragazza del elevatore, porque él vivió la vida como una fiesta permanente». Todos esos que compartieron noches de alcohol, escenario y charlas surrealistas a la luz de las lunas canallas coincidieron en que había desaparecido alguien insustituible que quiso apagarse lentamente, sin hacer ruido. La ciudad de Sevilla le dedico una calle a nuestro más ilustre rocker.
Entró a formar parte de la historia del rock, por su toque tan personalizado, lleno de improvisaciones y un idioma único. Algunos de sus temas estaban dedicados a vírgenes sevillanas, al Rey San Fernando, al Real Betis Balompié, desde su composición se hicieron famosos como el. Una de sus canciones más famosas es “Rezaré”, que dedicó a todas las imágenes marianas de la Semana Santa de Sevilla. Actuó en directo junto con otros grandes de la canción como son Joaquín Sabina, Ketama, Loquillo y los Trogloditas, en la inauguración de “Cartuja’93” actualmente conocida como Isla Mágica. Un amante de la libertad, el rock, la Semana Santa de Sevilla, el Sevilla F. C. y de la ciudad misma, gritándolo a los cuatro vientos. Silvio fue un señor muy educado por encima de todo, uno de los mayores forofos del Sevilla Fútbol Club más que de ninguna otra cosa, pero tenía amigos de los dos clubes de fútbol de la ciudad, tanto es así que uno de sus más famosos temas que decía en su estribillo “no busque más que no hay” está dedicado al Real Betis Balompié y lleva por título "Betis". Sin embargo, si uno pone atención al tema, y además corroborado por músicos y público, Silvio jamás decía la palabra "betis" completa, sino que cantaba "etis". Lo que más le gustaba aparte de cantar rock era el fútbol, un gin-tonic y un cigarrillo, que siempre llevaba entre los labios. Sus últimos años los pasó en soledad y casi olvidado del mundo, en Madrid le dedicaron un homenaje en La Boca del Lobo bajo el título “Solemne Quinario de besamanos a Silvio”. Otro "homenaje" que recibió fue el de los bares de Sevilla, que decidieron de motu propio que Silvio no volvierá a pagar en ninguno de ellos porcos años antes de morir. Silvio murió siendo un mito en vida, el 1 de octubre de 2001 en Sevilla, en el Hospital Virgen del Rocío, a causa del abuso de lo que el consideraba “buena vida” que se dio acompañándola de conocer bien las altas horas de las madrugadas, horas muertas delirando por el alcohol y nubes de tabaco que siempre le seguía, su cuerpo terminó dejando libre su alma tras una parada cardiorrespiratoria. Muchos conocidos fueron a despedirlo el día de su entierro, en el cementerio de San Fernando de Sevilla, la ciudad que lo adoró y que también lo olvidó, como hace con sus hijos malditos, estuvieron todos los que formaron parte alguna vez de su azarosa biografía de bohemio con corbata: Pive Amador, amigo y compañero de «charlas filosóficas que terminaban en canciones»; Kiko Veneno; Luz Casal, que dijo de él que era lo más parecido a Dios que había visto; Raimundo Amador; Gualberto; Jesús Quintero, El Loco de la Colina, que lo convirtió en uno de los personajes más lúcidos de su galería de raros y perros verdes, o el productor musical Ricardo Pachón que comentó: «Estamos enterrando a alguien inmortal y deberíamos bebernos litros de Cruzcampo y cantar la Ragazza del elevatore, porque él vivió la vida como una fiesta permanente». Todos esos que compartieron noches de alcohol, escenario y charlas surrealistas a la luz de las lunas canallas coincidieron en que había desaparecido alguien insustituible que quiso apagarse lentamente, sin hacer ruido. La ciudad de Sevilla le dedico una calle a nuestro más ilustre rocker.
Por siempre Silvio
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